martes, 22 de abril de 2008

COLOR CUBANO

Por Luis Sexto

Lo sabemos: el problema de las razas en la historia es artificial. Aparecieron teorías sobre la supuesta inferioridad del negro cuando países, clases y grupos económicos dominantes, en expansión, necesitaron justificar la esclavitud que los haría ricos. Ya no esclavizaban prisioneros en las guerras de conquista. Y por tanto necesitaron esclavizar el color. Y de ahí surge esa biología de la esclavitud, que el sabio cubano don Fernando Ortiz tildó de engañosa, de espuria prosapia. El negro, en suma, tenía que ser, forzosamente, “un ser inferior”. Los poderosos, blancos, europeos, no podía aducir otra coartada.
Eso es historia vencida. Y por tanto parece ingenuo plantear la lucha contra los prejuicios subsistentes entre los cubanos como si fuera una puja por el equilibrio o la armonía racial. ¿Quién puede en Cuba hablar de razas? ¿Quién puede en Cuba, salvo refiriéndose al folclor, que es lo muerto, hablar de cultura negra o de historia negra? ¿O de cultura blanca o historia blanca? Es, a mi parecer, una reivindicación extemporánea, cuando no oportunista. Y sobre todo peligrosa. Porque los centros de la guerra “fría”contra Cuba en los Estados Unidos intentan azuzar el inexistente “problema racial”.
Prefiero ver el asunto desde la integración. Ya no hay cultura africana en Cuba, pues ha venido integrándose con la blanca o europea en eso que llamamos cultura cubana. Como tampoco tenemos cultura blanca ¿Dónde está la música negra? En la música cubana –el son, el mambo, el bolero, hasta en el sinfonismo-, convertida en célula musical cubana, aliada, mezclada con la blanca. ¿Dónde la música blanca? Fundida con la negra. Esa es la integración nacional –proceso aún vigente-. Y por lo cual la pigmentación de la piel ha venido derivando hacia el color cubano. Color que no es sólo matiz cromático exterior. Es, admitamos la palabra, el mestizaje interno. Yo mismo, español por mis cuatro abuelos, sin mixtura: ojos verdes y piel muy blanca, me siento, sin embargo, mestizo por dentro. Quisiera que mis inhibiciones de carácter me liberaran cuando oigo el tambor que llama. Llama. Y yo respondo con mis retorcimientos internos, o mis pies que, tímidamente, marcan el compás vertiginoso de eso que fue primigeniamente africanía sonora y hoy es –desde hace rato- sonoridad cubana.
Adónde vamos a llegar con ese ritornelo arcaico que estable aparentes diferencias raciales y reclama coexistencia entre ambos colores. No pueden existir diferencias en la fusión. Ni diferencias en la misma esencia. Probemos. Leamos a un poeta al que no le conozcamos la piel. Leamos, sí. Y adivinemos su color. Su origen étnico. ¿Negro o blanco o mulato? ¿O chino, o jabado? Eliseo Diego y Gastón Baquero no se diferencian. Ni Domingo Alfonso, ni Fernández Retamar. O Nancy Morejón y Fina García Marruz; Soleida Ríos y Carilda Oliver Labra. Solo hallamos diferencias de estilo, temas, cosmovisiones, influencias. Lo demás, lo cubano, como poetizó Nicolás Guillén, está todo mezclado. Pero sigamos. Enmascaremos a un bailarín de guaguancó. Y tras concluir la danza, descubrámoslo. Y tendremos una sorpresa. Quizás un rubio, de piel rosada, nos haya seducido con ese descoyuntamiento rítmico que creemos propio de los negros y que comparten los llamados blancos. ¿Y la religión? Nadie podrá negar que parejamente negros y blancos compartan la santería y todo lo demás que se incluye en los ritos de origen africano, en síntesis con doctrinas y cultos europeos. Es cierto -atajo la objeción- que los dioses de los lares africanos, para sobrevivir entre cadenas, se camuflaron con el Dios y los santos del amo blanco. Pero hoy ya no sobreviven enmascarados. No lo necesitan. Perduran en sincrética alianza.
Convengamos, además, en que el prejuicio racial es de doble dirección. Y subsiste en manifestaciones de ida y vuelta, porque aún el negro no ha trascendido totalmente sus tradicionales condiciones de vida. Subsisten el solar, la cuartería, promiscuas habitaciones urbanas, y la ciudadela, también expresión del hacinamiento heredado del capitalismo dependiente, Y con ellos pervive una cultura del deterioro y la precariedad. Incluso una subcultura de la inferioridad que tiende a aglomerarse y defenderse. Una anécdota me sirve para ilustrarlo. Dos estudiantes en la universidad –blanco y negro- compartían el primer lugar en el rendimiento académico. También la amistad. En un examen cometieron un único y mismo error. Y, sin embargo, las notas se diferenciaron. El profesor, negro, le dio al negro más nota que al blanco, porque “los negritos tenemos que defendernos”, explicó al alumno beneficiado y, por ende, asombrado. La veracidad del episodio no admite dudas: uno de los estudiantes es mi hijo.
Por el contrario al prejuicio subsistente, el racismo diferenciador y separatista no halla techo entre nosotros. La integración, al convertir lo diverso en uno, a pesar de los accidentes epidérmicos, lo deglutió. Como ha de deglutir también “la costra tenaz del coloniaje” que señalaba en un poema Rubén Martínez Villena, uno de los primeros comunistas en Cuba, hacia 1920; costra, herencia, que aún respira en nuestros prejuicios. El debate –y excúsenme lo normativo, pero lo político se hace norma- ha de corretear en ese cuadrilátero: unidos contra lo que divide y amengua a la nación y a las sociedad cubana. Y sobre todo, ha de incluir a José Martí. Porque uno nota que en esta disputa intelectual, presuntamente académica, a veces injusta y sin sentido, el Maestro no ha sido invitado. Quizás porque quienes defienden la igualdad desde posiciones “negristas” o “blanquistas” saben que Martí les enrostraría su equívoco, cuando no su torcida intención, con la negativa martiana a admitir que exista odio de razas, porque para el Apóstol cubano de la independencia y el antiimperialismo “no existen razas”.
Hace un siglo, Martí resolvió esa pretendida, absurda, dicotomía racial. “Cubano –definió- es más que blanco, más que mulato, más que negro.” A qué separar lo que la historia unió, y que, separado, solo beneficia a los enemigos de la nación cubana: el Norte perverso, brutal, que nos desprecia. Por blancos y por negros. Y por cubanos independientes y revolucionarios.

3 comentarios:

Gualterio Nunez Estrada dijo...

Una camarera norteamericana amiga mia durante mi estancia en Miami fue interrogada por un turista de Washington: "?Y como son los cubanos?, "Unos "negritos", le dijo ella, mas o menos igual que los puertorriquenos" Y esa es la imagen popular en las caricaturas norteamericanas en los diarios de grandes tiradas en Estados Unidos sobre temas cubanos que van de 1898 a 1910. Nos miran como "pequenos hombres negros", "little people" como le dicen aqui a los que no tienen importancia puesto a la acepcion de "Big Brothers" o grandes hermanos, la gente de arriba, lo que en Cuba se llaman "vacas sagradas" o "intocables" opuesto a "indio", el que sigue a los demas y no vale por si mismo. Ese es un mecanismo social en Estados Unidos que incluso los hispanos lo aplican a los caribenos, la gente del "charco". Son estereotipos sicologicos que vienen de la sicologia de la conquista del viejo oeste cuando los diarios establecieron la tesis de la manzana madura que luego se extrapolo a Cuba, particularmente. Y no es un problema de odio, es un problema de educacion dentro de Los Estados Unidos de America con muy bajos niveles academicos en su poblacion,salvo en elites de "papa" y "mama" y es un problema de que la comunicacion entre pueblos esta regida por las grandes cadenas informativas que imponen la sicologia de los accionistas de La Bolsa de Valores. En la actualidad un mecanismo muy complejo y del cual no es responsable el pueblo norteamericano como tal sino los grandes intereses internacionales que operan en Wall Street donde radica el centro del verdadero poder.

Jacqueline Romero Miranda dijo...

Hola,
Soy una poeta cubana, una persona que esta tomando consciencia de su identidad.
Como poeta he aprendido lo importante de estar, de hacer. Aquí mi granito de arena.
Somos una hermosa nación multicultural en la que debemos dar el justo lugar a todos sus componentes culturales.
Este pequeño poema, sin pretensiones de ningún tipo, que dedico a un nuevo amigo y artista cubano.

A Bencomo

Bello hombre
este Bencomo
negro fuerte
con humor
orgulllo de cierta estirpe
músico y pensador
oro puro !como no!

Jacqueline Romero Miranda, c)2009

Gracias.

Jacqueline Romero Miranda dijo...

Hola,

Regreso con mas consciencia lingúística y he rehecho el poema

A Bencomo

Bello hombre
este Bencomo
sano
fuerte
con humor
orgulllo de cierta estirpe
músico y pensador
oro puro !como no!

Jacqueline Romero Miranda, c)2009
Gracias.